Cualquier persona que viva en México, que se mueva en redes sociales, que asista a estaciones de autobús o que camine por las calles, podrá atestiguar que cada vez con mayor frecuencia, encuentra carteles con fotografías y datos de personas, que además de algún email de contacto, llevan escrito en letras mayúsculas, la palabra DESAPARECIDO o DESAPARECIDA.
Si bien, esta realidad ha sido parte de la Historia humana, la acepción de la palabra desaparición [1] a la que me refiero, grosso modo, comenzó a gestionarse en el último cuarto del siglo pasado, en el contexto de las dictaduras latinoamericanas, y es a través del trabajo -a lo largo de los años-, de activistas, organizaciones de la sociedad civil, e instancias y organismos internacionales, que se fragua como el término jurídico al que actualmente conocemos
Existen distintos tipos. Sus clasificaciones varían de uno a otro autor. Aquí breve resumen de ellas:
º Forzada, que según el artículo 2 de la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, es "el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley."
º Involuntaria, la que resulta de afectaciones mentales o transtornos psiquiátricos, a través de las cuales, dichas personas se extravían.
º Voluntaria, cuando la persona decide separarse de la comunidad social o familiar a la que pertenece, ya sea por motivos personales o para huir de la justicia.
º Accidental, como consecuencia de desastres naturales, conflictos armados o accidentes.
*¿Desaparecer, desaparecerse, ser desaparecido?
Otras de las variantes de la palabra en cuestión, remite a las brumas del misterio, manifiestas en tres territorios específicos:
a) El de las apariciones y desapariciones místicas de santos. Descriptas y veneradas en muchas tradiciones espirituales.
b) El del esoterismo.
c) El del ilusionismo.
¿Cómo olvidar esas fiestas infantiles en donde antes de romper la piñata, nos sentaban en sillitas o en el suelo, frente a un señor vestido de negro, que luego de presentarse, felicitar al festejado y saludarnos, procedía con el ritual de decir unas palabras extrañas, al tiempo que hacía surgir de su chistera, un conejo blanco?
Y justamente, cuando estábamos intentando entender cómo lo había hecho, el señor de negro, lo metía en el sombrero; repetía: ¡Abracadabra!, para luego mostrarnos el oscuro fondo de aquella enigmática chistera...
¡Zaz, el conejo había desaparecido!
Al margen de que sea la oficialmente autorizada, cuando escucho la palabra desaparecido/a, me da la impresión de que nuestro poder de accionar como adultos -tanto en lo individual como en lo colectivo-, al igual que aquellos chiquitines, azorados ante el surgir y des-surgir del conejito, queda capturado en la trampa del pensamiento mágico.
En su falta de contundencia y de apego a describir la realidad, esta palabra genera un limbo psicológico e intelectual, que obstruye la visión, la reflexión y el planteamiento de soluciones para el problema
Se hace indispensable dejar de usar al lenguaje como paliativo, como escondite y/o como sumisa aceptación al bozal de lo políticamente correcto -que tarde o temprano, terminará convirtiéndonos en cómplices-.
A cambio de ello, hay que articular palabras valientes, apegadas a la realidad de los hechos, diestras, certeras, que además de abonarse al hilado de una buena argumentación -basada en evidencias-, sean despertadoras de la conciencia tanto en quien las emite, como en quien las recibe.
Dentro del maremoto de violencia nacional que padecemos y en el que se inscribe este tema, hay una herida dolientísima, a la que nuestros ojos suelen dedicarle la más pulida de las cegueras:
La de los menores de edad...
Convengamos que los bebés, las niñas y los niños, no tienen el poder sobrenatural de desaparecerse a sí mismos, ni tampoco hay adultos que puedan ejercer ese poder enigmático sobre los menores. Así las cosas, en México y en el mundo no hay niños desaparecidos. A los niños se los están robando, por lo tanto son niños robados [2]
En la palabra desaparecido, solamente estamos nombrando a las víctima, pero no al perpetrador del delito. O díganme ¿cómo se llama a la persona que desaparece a un menor de edad?, ¿prestidigitador?, ¿mago?, ¿hechicero?
Pañuelo bordado por una integrante del colectivo Bordamos por la Paz.
Sin embargo, en cuanto decimos que hay niños robados, de manera automática se desprende que hay ladrones de niños [3], que no operan de una manera individual y desarticulada, sino que pertenecen a una red mundial, con una estructura específica, una operatividad calibradísima y que además atraviesa a todos los niveles de la sociedad y a todos los órdenes en donde se manifiesta el poder. A decir del Colectivo Por Amor a Ellxs, en México, el número de niños robados del 2006 a la fecha, es de alrededor de 5 mil.
* Mercadeo
La realidad de los menores robados, abarca bebés en gestación -muy cercanos a la fecha de nacimiento, que son extraídos por la fuerza, del vientre materno-, bebés ya nacidos, niñas, niños, púberes y adolescentes, hasta antes de que alcanzan la mayoría de edad.
A todos ellos se los considera objetos y como tales, en cuanto han sido arrebatados de sus familias, pasan a ser una mercancía, por cierto, valiosa, bien cotizada y con excelente margen de ganancia, no solo en el pago a corto plazo, sino como una inversión, ya que todos los abusos sexuales y otros tipos de abusos infantiles, son filmados a propósito, de tal suerte que este registro audiovisual, se convierten en un pagaré firmado por parte del consumidor; cobrable en el momento en que sea necesario, ya sea en forma de extorsión o de chantaje, lo cual termina convirtiendo a los consumidores, en esclavos de quienes les entregan los productos de su consumo.
El tema de los secretos y el poder -y del poder de los secretos-, ha sido desarrollado por Elias Canetti en su libro Masa y poder ...No podemos imaginar la enorme cantidad de "decisiones" políticas que se han dado en nuestro planeta , a través de esta práctica, llamada kompromat.
La mercancía es desechable y su reemplazabilidad es casi inmediata. Su flujo de producción está garantizado de manera permanente, toda vez que los humanos sigamos teniendo hijos.
Por todo lo anterior e independientemente de la terminología oficial de los protocolos e instancias internacionales, es el enunciado Tráfico de menores y no Trata de menores, el que describe de manera más clara, a esta red de crimen de la que estoy hablando, ya que la palabra tráfico, genera una imagen mental de travesía de un objeto, así como otros elementos -vendedor, punto geográfico de origen, transportistas, rutas, pagos de coimas, mercancía que es desplazada, destino geográfico específico de entrega, compradores, distribuidores, consumidores y mucho dinero de por medio...-
Ante una realidad incendiaria como esta, no podemos permitirnos el lujo de la tibieza lingüística, ni de ningún otro tipo.
* ¿A dónde van los niños robados?
Ya sea a través de la renta o de la venta, algunos de los destinos son tan macabros, que parecerían ser parte de una película de horror. A continuación, los mencionaré, a modo de etiquetas, de tal suerte que a quien le interese, haga la investigación de qué va cada uno, por cuenta propia.
El orden de aparición en la lista, no obedece a criterio alguno:
Prostitución.
Pornografía.
Pederastia.
Subastas.
Simulación de adopciones, para luego ser usados al gusto del consumidor.
Entrenamiento como guerrilleros.
Esclavitud laboral.
Mutilación.
Materia prima para producción de accesorios de piel.
Canibalismo.
Tortura Ritual.
Cacería Humana.
Sacrificios humanos.
Cosecha y tráfico de órganos.
Experimentación.
Extracción y consumo de Adrenocromo.
* ¿Entonces?
Es importante señalar que existen escenarios y estados de vulnerabilidad social, que facilitan el robo y el tráfico de menores. Entre ellos están la pobreza, los desastres naturales, las pandemias, las guerras, los conflictos armados y las migraciones. Sin embargo, en países en donde estas condiciones no están presentes de manera notable, este crimen también se comete, es decir, estamos frente a un aparato 365/24/7, perfectamante afinado para conseguir adaptarse y maniobrar lo que haga falta, con tal de conseguir sus objetivos.
Lo que en otros tiempos se llamaba delirio paranoide, hoy son prácticas de protección, sagacidad y autocuidado. Es nuestra obligación, generar las condiciones necesarias para que los menores de edad se vivan como tales y no terminen convertidos en mercancía.
Me pregunto: ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a llamar a las cosas por su nombre y a poner el pecho para enfrentarlas?
Y ¿a cuántos bebés, niñas y niños más, tendrán que robarse, para que por fin, nosotros, los adultos, renunciemos a seguir meciéndonos en los brazos de la neutralidad, la desesperanza y la indefensión aprendida?
Muta de caza...
Muta de lamentación...
Muta de guerra...
BeatrizEugenia Andrade Iturribarría
euzkera
8 de mayo del 2018.
______________
Notas:
[1]
El caso del plagio y del secuestro, van por otra vía, porque en esos casos, hay un pedido de rescate económico a cambio de la víctima.
[2]
Abro una breve nota sobre la forma en que nos referimos a los adultos:
La palabra abducción, al margen que nos remita a temas ufológicos, está más acorde a lo que le sucede a los mayores de edad, a quienes llamamos desaparecidos, toda vez que su etimología refiere a separación, alejamiento y privación.
Considero que el término desaparecido/a, debería restringirse a los 3 primeros días en que a la persona en cuestión, no se la encuentra, y a partir del cuarto día, nombrársela como abducida. -Por cierto, muchas narrativas que hablan de desaparecidos, dicen que se los llevaron, lo cual de manera inmediata, genera una imagen mental, bastante apegada a lo que les ha sucedido a las víctimas-.
Para los menores de edad, por la gravedad del caso, considero que durante los 3 primeros días en que no se los encuentra, debería nombrárselos como presuntamente robados y a partir del cuarto día, como robados.
Sé que mi propuesta sobre el cambio de terminología, es fuerte, tanto como el estado de alerta psicológico, intelectual y corporal, indispensable para encarar de manera más eficiente, esta realidad social, para la que por el momento, aún no encuentro nombre, es decir hay genocidios, holocaustos, suicidios colectivos, pero... ¿qué nombre recibe este crimen masivo e insaciable?
[3]
A los que en otros tiempos se los llamaba robachicos, palabra que por extrañas razones, dejó de usarse, justo en épocas en donde este delito está a la alta. -La escritura de este texto, también trae a mi memoria la calle de la Ciudad de México, de nombre Niño perdido...-