Por el Obispo Donald J. Sanborn.
18 de marzo del 2021.
Como nuestro pueblo sabe, rechazamos el uso de los nuevos ritos de Semana Santa, que fueron diseñados por el masón y archimodernista Annibale Bugnini y, lamentablemente, aprobados para su uso, por el Papa Pío XII.
Recibimos una gran cantidad de críticas por rechazar ritos que fueron aprobados por un Papa real. Las razones, sin embargo, son obvias. Los modernistas planificaron la Misa Nueva desde la época de Benedicto XV. Trabajaron muy gradualmente y en silencio, paso a paso, alimentando -con cuchara- a la jerarquía, al clero y a los laicos con la implementación de cambios menores, pero muy significativos.
En 1955, la mayoría del clero y el pueblo no estaban al tanto del vil complot de los modernistas para derrocar por completo la Liturgia Católica. De ahí que los cambios de 1955 fueran aceptados -aunque no con entusiasmo- por todos. Nadie se dió cuenta de que, al adoptar estos cambios, estaban -por así decirlo- abordando un vuelo sin escalas, hacia el Novus Ordo.
Bugnini continuó reformando la liturgia, poco a poco, durante las décadas de 1950 y 1960, hasta que inventó la Nueva Misa en 1969. Esta fue la perfección de su trabajo y la culminación de las aspiraciones de los modernistas durante décadas. Todos sabían que la Nueva Misa destruiría el Catolicismo Tradicional. Y así fue.
El francmasón Bugnini incluso dijo que los cambios de la Semana Santa de 1955, habían sido un "puente" para futuros cambios en la liturgia. Como comentó el añorado Padre Cekada: “Si no quieres ir al otro lado, entonces ¿por qué cruzarías el puente?”. Santo Tomás lo expresa de manera más abstracta: Quien consiente en el principio, consiente en el fin. En otras palabras, no se puede consentir en los principios litúrgicos de la liturgia de 1955, sin consentir -implícitamente- en la Nueva Misa, ya que son una preparación y un comienzo.
El caso es que los cambios de Bugnini, en la Semana Santa de 1955, a la luz de lo ocurrido en 1969, ahora adquieren una relación con la grotesca alteración de la Liturgia Católica, conocida como Misa Nueva. La recta razón y el sentido común, por lo tanto, indican que los cambios de 1955 deben ser rechazados.
¿Qué pasa con la ley promulgada por el Papa Pío XII? En primer lugar, no estamos diciendo que los ritos promulgados por el Papa Pío XII sean malos, perniciosos, impíos o pecaminosos para asistir. Sin embargo, estamos diciendo que son inferiores y que contienen cambios que apuntan a cambios futuros, en el Novus Ordo. Solo por mencionar algunos cambios:
(1) El uso de la lengua vernácula.
(2) De frente a la gente en un altar al aire libre, durante la bendición de las palmas.
(3) De frente a la gente para una oración.
(4) La distribución de la Sagrada Comunión, el Viernes Santo.
En consecuencia, vistos a la luz de la Misa del Novus Ordo, muchos de los cambios en la Semana Santa de 1955, tienen una relación directa e inequívoca con los cambios del Novus Ordo. Son presagios de una futura reforma devastadora, algo que para la mayoría, era imprevisible en 1955.
Es un principio general del derecho que una ley, buena en sí misma, puede volverse dañina si se observa bajo ciertas circunstancias. Por ejemplo, la ley de abstinencia del viernes es una buena ley. Sin embargo, sería dañino observar si una persona estuviera gravemente enferma o hambrienta y necesitara alimento. En el caso de que no se pueda contactar a un superior para una dispensa, podría usarse el principio de epikeia, que consiste en estimar la mente del legislador en su ausencia. De hecho, todo el apostolado de los sacerdotes tradicionales opera sobre este principio, a saber, que en ausencia de un verdadero Papa, es lícito ejercer un apostolado activo y público, ya que es la voluntad de Cristo, como Cabeza de la Iglesia.
Si nuestro objetivo, entonces, es preservar la Liturgia Tradicional, entonces conservémosla en su estado prístino, antes de que el masón Bugnini pusiera sus manos en ella.
San Pío V, al promulgar el Misal Romano en 1570, suprimió en Occidente todos los ritos que no existían desde hacía por lo menos doscientos años. Esto lo hizo como precaución contra cualquier error que pudiera haberse deslizado en estas liturgias. Por eso, mientras contemplamos la devastación provocada por el Novus Ordo, volvamos a los días anteriores a Bugnini.
Papa Pío XII.
La siguiente pregunta es: ¿Cómo es posible que el Papa Pío XII haya aprobado estos cambios?
El Papa Pío XII fue una persona de muy alto carácter, piedad, inteligencia, dignidad y ortodoxia. Nunca, desde la Edad Media, había brillado tanto el Papado como bajo el reinado de Pío XII. Cumplió su papel, con majestuosidad esterlina.
Sin embargo, como todos nosotros, tenía algunas fallas. La primera es que su educación de joven fue algo liberal. La segunda es que su carácter, aunque virtuoso, era débil. Un colega cardenal lo describió en 1929, como “débil e indeciso”, lo que resultó ser cierto. La tercera es que, sin culpa suya, fue absorbido casi de inmediato como un joven sacerdote en el cuerpo diplomático del Vaticano. Esta influencia le hizo utilizar la diplomacia en asuntos eclesiásticos donde era necesario un enfoque más fuerte. (Esta misma falta se vió en Monseñor Lefebvre, quien, aunque muy firme contra los modernistas en sus palabras, usó la diplomacia con ellos para lograr un lugar para la Tradición, en el sistema modernista). Pío XII también tenía una gran admiración por la ciencia y la investigación, modernas. Si bien esto no tenía nada de malo en sí mismo, lo llevó a confiar excesivamente en las aportaciones de personas de tendencia modernista que eran intelectuales en su campo, como Bea y Bugnini. Hizo una serie de nombramientos abominables como obispos, particularmente del conocido izquierdista Montini como arzobispo de Milán y otro conocido pro-modernista Roncalli como cardenal patriarca de Venecia. Al hacerlo, les dió a ambos un camino directo al Papado y, de hecho, ambos fueron elegidos para este puesto después de la muerte de Pío XII. Tampoco tomó las medidas suficientes para reprimir a los teólogos modernistas, como Rahner, Ratzinger, Küng, Teilhard de Chardin y muchos otros, que luego surgieron en el Vaticano II, como los mentores y arquitectos de la dirección herética que tomó. Pío XII también se rodeó de modernistas en el Vaticano, como Bea, Montini y Bugnini. Finalmente, fue increíblemente ingenuo con respecto a las Naciones Unidas, y con el intento de unir al mundo bajo un solo gobierno. En 1958, dijo esto:
Nuestro siglo asiste a un desarrollo cada vez mayor y orgánico de la idea de “una” humanidad, en la que cada una de las partes debe aspirar a una transición, en un futuro próximo, del estatuto de alianza al de comunidad en sentido estricto de la palabra, comunidad viva y trabajadora.
(Discurso a las Congregaciones Marianas de Italia, 26 de abril de 1958)
También dijo:
La institución de una comunidad de naciones, tal como ahora se ha realizado parcialmente, pero que debe crecer y fortalecerse en un grado más elevado y más perfecto, representa un movimiento ascendente, es decir, de una pluralidad de Estados soberanos, a una unidad superior.
(Discurso a la Quinta Asamblea de la Unión de Juristas Católicos Italianos, 6 de diciembre de 1953)
No hay que olvidar que las Naciones Unidas fueron fundadas por el agente comunista convicto, Alger Hiss y por la amante del comunismo, Eleanor Roosevelt.
Cuando se consideran todos estos factores juntos en la evaluación del reinado de Pío XII, es fácil concluir que, a pesar de su impecable ortodoxia en sus enseñanzas, hubo, sin embargo, una grave debilidad de acción contra los modernistas, una grave falta de prudencia en relación con los nombramiento de obispos, y una grave ingenuidad con respecto a los perniciosos orígenes y fines del mundo moderno.
Digo estas cosas solo para explicar cómo se produjeron los cambios litúrgicos durante la década de 1950. En resumen, Pío XII no tenía una visión clara de lo que era necesario para proteger a la Iglesia, de los embates tanto de eclesiásticos como de políticos empeñados en crear un humanitarismo sin dogmas y un Nuevo Orden Mundial ecuménico, en sustitución del catolicismo, una preparación perfecta para el anticristo. No debe extrañarnos, entonces, que Pío XII mostrara cierta debilidad en cuanto a los cambios de Semana Santa de Bugnini. Los Romanos Pontífices están protegidos contra el error de promulgación, pero no están protegidos contra la imprudencia.
En resumen, Pío XII no fue Pío X.
Fuente:
https://inveritateblog.com/2021/03/18/the-pre-1955-holy-week/#more-844
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