Oración a San Miguel Arcángel
Escrita por S.S. León XIII [1]
"¡Oh glorioso príncipe de las milicias celestiales, San Miguel arcángel, defendednos en el combate y terrible lucha que tenemos que sostener contra los poderes y potestades, contra los príncipes de este mundo de tinieblas, y contra los malignos espíritus! [Ef. 6, 12] Venid en auxilio de los hombres que Dios hizo inmortales, formó a su imagen y semejanza, y redimió a gran precio de la tiranía del demonio [Sab. 2, 23 y I Cor. 6, 20].
Pelead en este día con el ejército de los santos ángeles las batallas del Señor, como en peleasteis en otra ocasión contra Lucifer, jefe de los soberbios, y contra los ángeles apóstatas, que fueron impotentes para resistiros, y para los cuales no hubo ya lugar en el cielo.
Sí, ese monstruo, esa antigua serpiente que se llama demonio y Satanás, que seduce al mundo entero, fue precipitado con sus ángeles al fondo del abismo [Apoc. 12, 8-9]. Pero he aquí que este antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado fieramente la cabeza. Transfigurado en ángel de luz y seguido de toda la turba de espíritus malditos, recorre la tierra entera para apoderarse de ella y desterrar el nombre de Dios y de su Cristo, para robar, matar y entregar a la eterna perdición a las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Además de los hombres de alma ya pervertida y corrompido corazón, este dragón perverso lanza encima, como un torrente de fango impuro, el veneno de su malicia, es decir, el espíritu de mentira, de impiedad y blasfemia, y el soplo emponzoñado de la impureza, de los vicios y de todas las abominaciones.
Enemigos llenos de astucia han llenado de injurias y saturado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado; y sobre sus más sagrados bienes han puesto sus manos criminales. En el mismo lugar santo, donde ha sido establecida la silla de Pedro y la cátedra de la verdad, que debe iluminar el mundo, han alzado el abominable trono de su impiedad, con la intención perversa de herir al Pastor y dispersar el rebaño.
Os suplicamos, pues, oh Príncipe invencible, socorráis al pueblo de Dios contra los ataques de esos espíritus malditos, y le concedáis la victoria. Este pueblo os venera como su protector y patrono, y la Iglesia se gloría de teneros por defensor contra las malignas potestades del infierno. Dios os ha confiado el cuidado de conducir las almas a la celeste bienaventuranza. ¡Ah, rogad, pues, al Dios de paz, ponga bajo nuestros pies a Satanás y de tal modo aplastado, que no pueda retener más a los hombres en la esclavitud, ni causar perjuicio a la Iglesia! Presentad nuestras súplicas ante el Todopoderoso, para que seamos prevenidos cuanto antes de las misericordias del Señor. Apoderaos del dragón, la serpiente antigua que es el diablo y Satanás, encadenadlo y precipitadlo en el abismo, para que no pueda seducir más a las naciones. " [Apoc. 20, 2-3].
Amén.
V/. He aquí la cruz del Señor, huid, potestades enemigas;
R/. Venció el León de la tribu de Judá, el vástago de David.
V/. Cúmplanse en nosotros, Señor, vuestras misericordias;
R/. Como hemos esperado de Vos.
V/. Escuchad, Señor, mi oración:
R/. Y llegue mi clamor hasta Vos.
Oremos: Oh Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, invocamos vuestro santo nombre, e imploramos con instancia vuestra clemencia, para que, por la intercesión de María Inmaculada siempre Virgen, Madre nuestra, y del glorioso arcángel San Miguel, os dignéis socorrernos contra Satanás y contra todos los otros espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder las almas. Amén”.
Letanías de San Miguel Arcángel.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la gracia de Dios, ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino, ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y gloria, ruega por nosotros.
San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor, ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad, ruega por nosotros.
San Miguel, guardián del Paraíso, ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel, ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, ruega por nosotros.
San Miguel, honra y alegría de Iglesia triunfante, ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de los cristianos, ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz, ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida, ruega por nosotros.
San Miguel, socorro seguro, ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades, ruega por nosotros.
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna, ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas que están en el Purgatorio, ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor encomendó recibir las almas después de la muerte, ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro Príncipe, ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro Abogado, ruega por nosotros.
V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Perdónanos Señor.
V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Escúchanos Señor.
V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R/. Ten piedad de nosotros.
V/. Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.
R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Oremos: Señor Jesús, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por la intercesión de San Miguel, aquella sabiduría que nos enseña a juntar riquezas en el cielo, y cambiar los bienes temporales por los de la Eternidad. Tú, que vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Amén.
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La Oración a San Miguel Arcángel, del Papa León XIII es profética.
El 25 de septiembre de 1888, después de rezar la Santa Misa de la mañana, el Pontífice sufrió un desmayo. Los asistentes pensaron que estaba muerto. Después de recuperar la conciencia, el Papa describió una espantosa conversación que él escuchó que procedía de cerca del Tabernáculo:
La conversación se componía de dos voces; voces que el Papa León XIII claramente identificó que eran la de Jesucristo y la del diablo.
El diablo se jactaba de que podía destruir la Iglesia, si se le concedían 75 años para llevar a cabo su plan (o 100 años según otros informes). El diablo también pidió permiso para tener “una mayor influencia sobre aquellos que se entregarán a mi servicio”. A las peticiones del diablo, el Nuestro Señor Jesucristo le respondió: “se te dará el tiempo y el poder”.
Profundamente impactado por lo que había oído, el Papa León XIII, compuso la Oración a San Miguel (que también es una profecía) y ordenó que se recitara después de las Santas Misas ordinarias, como medida de protección para la Iglesia, contra los ataques del infierno.
Esta Oración a San Miguel fue suprimida por los modernistas.
