SEÑALES DE MUERTE PRÓXIMA
Conviene tener algún conocimiento de las señales de muerte inminente, para que así puedan los que asisten al enfermo auxiliarle con oportunidad en tan apurado trance. Las principales señales son: cuando falta el pulso o está intermitente o intercadente; cuando tiene la respiración anhelosa; cuando sus ojos están hundidos y vidriosos, o más abiertos de lo acostumbrado; cuando se pone la nariz afilada y blanquecina en la extremidad; cuando la respiración se parece al soplo de un fuelle; cuando se pone el rostro pajizo, cárdeno y amoratado; cuando se baña la frente de un sudor frío; cuando el enfermo coge las hilachas y pelusillas de las sábanas; cuando se enfrían todas las extremidades, etc.
Las señales más próximas de que el enfermo va a expirar son: la respiración intermitente y lánguida; la falta de pulso; la contracción o rechinamiento de dientes; la destilación a la garganta; un débil suspiro o gemido; una lágrima que sale por sí misma y el torcer la boca, los ojos y todo el cuerpo. Cuando el enfermo se halle en alguna de estas últimas señales, entonces quien le asiste sugerirá con fervor y frecuencia, y dirigiendo la voz algo más recia a la frente, las jaculatorias siguientes:
- En Vuestras Manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
- Jesús mío, os encomiendo esta mi alma, que redimisteis con Vuestra Preciosísima Sangre.
- Jesús mío, quiero morir profesando Vuestra Fe; creo cuanto habéis revelado.
- Jesús mío, mi amor, yo os amo, y me pesa de todo corazón, haberos ofendido.
- ¡Oh mi Dios, se acerca el momento de veros y poseeros para siempre!
- ¡Oh, quién siempre os hubiera amado, quién nunca os hubiera ofendido!
- ¡Oh María, Madre de Dios y Madre mía! Rogad por mí ahora que me hallo en la hora de mi muerte.
- Jesús mío, salvadme.
- María, Madre mía, amparadme.
- San José glorioso, asistidme.
- Arcángel San Miguel, socorredme; libradme de los enemigos.
- Ángel Santo, custodio mío, acompañadme a la Presencia de Dios.
- Ángeles todos, venid a mi socorro, que me hallo en necesidad de vosotros.
- Santos y Santas, auxiliadme y alcanzadme una buena muerte. Amén.
ADVERTENCIA:
Mientras el que asiste vaya sugiriendo al enfermo estas jaculatorias, los demás
parientes y amigos se hincarán de rodillas delante de alguna imagen de María
Santísima, en el mismo
aposento del enfermo o en otro, y rezarán el Santo Rosario y las Letanías
de Nuestra Señora. Así podrán
ayudar mejor al enfermo -y no estando alrededor de la
cama llorando, gimiendo y aumentando la pena al pobre moribundo-. Bastará que
estén con él uno o dos, para lo que pueda
ofrecerse, y los demás que se recojan a orar hasta que haya expirado.
ACTO DE ACEPTACIÓN DE LA MUERTE
Adoro, Dios mío, Vuestro Ser Eterno: pongo en Vuestras Manos el que me habéis dado, y que ha de cesar por
la muerte, en el
instante en que Vos lo hayáis dispuesto. Acepto esta muerte con sumisión y
espíritu de humildad, en unión
de la que sufrió mi Señor Jesucristo, y espero que con esta aceptación mereceré
Vuestra Misericordia, para salir, felizmente, de un paso tan terrible.
Deseo, oh Dios mío, haceros por mi muerte un sacrificio de mí mismo, rindiendo
el debido homenaje a la Grandeza de
Vuestro Ser, por la destrucción del mío. Deseo que mi muerte
sea un sacrificio de expiación que aceptéis Vos, oh Dios mío, para satisfacer a
Vuestra Justicia, por tantas ofensas, y con esta esperanza, acepto gustoso todo lo que tiene la muerte de
más horrible, para los
sentidos, y para la
naturaleza.
Consiento, oh Dios mío, en la separación del alma de mi cuerpo, en castigo de lo que por mis pecados me ha
separado de Vos. Acepto la privación del uso de mis sentidos, en satisfacción de las ofensas que por ellos he
cometido.
Acepto, Señor, que mi cuerpo sea escondido en la tierra y pisado, para castigar
el orgullo con que he procurado hacerme ver de las criaturas: acepto que ellas
no se acuerden más de mí, en castigo del gusto que he tenido en que me amasen:
acepto la soledad y el horror del
sepulcro, para
reparar mis disipaciones y entretenimientos peligrosos: acepto, en fin, la
reducción de mi cuerpo, a polvo y
ceniza, y que sea pasto de los gusanos, en castigo del amor desordenado que le
he tenido.
¡Oh polvo! ¡Oh gusanos!, yo os recibo, yo os estimo, y os miro como los
instrumentos de la Justicia de
Dios, para
castigar la soberbia y orgullo, que me han hecho rebelde a Sus Preceptos:
vengad Sus
intereses, reparad las injurias que Le he hecho, destruid este cuerpo de pecado, este
enemigo de Dios, estos miembros de iniquidad; y haced triunfar el Poder del Creador sobre la flaqueza de Su indigna criatura. A todo me sujeto, oh Dios
mío, como también a la sentencia que Vuestra Divina Justicia, quiera dar a mi alma en el momento de mi muerte.
Amén.
ORACIÓN PARA ALCANZAR UNA BUENA MUERTE
(del Camino recto y seguro para llegar al Cielo, de San Antonio María Claret)
¡Jesús, Señor, Dios de Bondad,
Padre de Misericordia!
Yo me presento ante Vos con un corazón contrito, humillado y confuso, y os
encomiendo mi última hora, y lo que
después de ella me espera.
- Cuando mis pies, perdiendo su movimiento, me adviertan que mi carrera en este mundo está próxima a su fin:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mis manos, trémulas y torpes, ya no puedan sostener el Crucifijo, y a pesar mío lo deje caer sobre el lecho de mi dolor:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mis ojos, vidriados y contorcidos por el horror de la inminente muerte, fijaren en Vos sus miradas lánguidas y moribundas:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mis labios, fríos y convulsos, pronunciaren por última vez Vuestro Adorable Nombre:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mi cara, pálida y amoratada, cause lástima y terror a los circunstantes, y mis cabellos bañados del sudor de la muerte, erizándose en mi cabeza, anunciaren que está cercano mi fin:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mis oídos, próximos a cerrarse para siempre, a las conversaciones de los hombres, se abrieren para oír la Sentencia Irrevocable, que fijará mi suerte por toda la Eternidad:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mi imaginación, agitada por horrendos fantasmas, quede sumergida en mortales congojas, y mi espíritu, perturbado con el temor de Vuestra Justicia, al acordarse de mis iniquidades, luchare contra el infernal Enemigo, que quisiera quitarme la esperanza en Vuestras Misericordias, y precipitarme en los horrores de la desesperación:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mi corazón, débil y oprimido por el dolor de la enfermedad, estuviere sobrecogido por el temor de la muerte; fatigado y rendido por los esfuerzos que habrá hecho contra los enemigos de mi Salvación:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando derramare mis últimas lágrimas, síntomas de mi destrucción, recibidlas, Señor, como un sacrificio de expiación; a fin de que yo muera como víctima de penitencia, y en aquel momento terrible:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mis parientes y amigos, juntos alrededor de mí, se estremezcan al ver mi situación y Os invoquen por mí:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando, perdido el uso de los sentidos, el mundo todo desapareciere de mi vista, y yo gima entre las angustias de la última agonía y los afanes de la muerte:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando los últimos suspiros del corazón empujen mi alma a que salga del cuerpo, aceptadlos, Señor, como hijos de una santa impaciencia por ir hacia Vos, y entonces:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- Cuando mi alma salga para siempre de este mundo, y deje mi cuerpo pálido, frío y sin vida, aceptad la destrucción de él, como un homenaje que rendiré a Vuestra Divina Majestad, y en aquella hora:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
- En fin, cuando mi alma comparezca ante Vos y vea por primera vez el Esplendor de Vuestra Majestad, no la arrojéis de Vuestra Presencia; dignaos recibirme en el Seno de Vuestra Misericordia, para que cante eternamente Vuestras Alabanzas:
R. Jesús Misericordioso, tened Compasión de mí.
ORACIÓN
¡Oh Dios, que, habiéndonos condenado a la muerte, nos habéis ocultado el momento y la hora de la misma, haced que viviendo yo, justa y santamente, pueda merecer salir de este mundo en Vuestra Gracia y Santo Amor. Por los Méritos de Nuestro Señor Jesucristo, que junto con el Espíritu Santo vive y reina con Vos! Así sea.
Jesús, José y María, Os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, expire en Paz con Vosotros, el alma mía.
INDULGENCIA PLENARIA PARA LA HORA DE LA MUERTE
Como a muchos sorprende la muerte sin darles
tiempo para ganar indulgencias, el Papa San Pío X (Decreto del 9 de Marzo de
1904, Acta Sanctæ Sedis XXXVI, pág. 637) ha concedido una Indulgencia Plenaria, para el artículo de muerte, a todos aquellos que una vez en su vida, en un
día a elección, después de confesar y comulgar, hubiesen hecho con verdadero
espíritu de caridad el siguiente acto de aceptación, o con otra fórmula
semejante:
¡Señor, Dios mío! Desde este momento, con ánimo sereno y resignado,
acepto de Vuestras Manos cualquier género de muerte que os plazca
mandarme, con todos los dolores, penas y angustias que la acompañen.
EN LATÍN
Dómine Deus meus, jam nunc quodcúmque mortis genus prout Tibi placúerit, cum
ómnibus suis angóribus, pœnis ac dolóribus de manu Tua ǽquo ac libénti ánimo suscípio.
RECOMENDACIÓN DEL ALMA
(Según el Ritual Romano
TRADICIONAL, título V, cap. 7)
EN LATÍN
LITANÍÆ AGONIZÁNTIUM
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie, eléison.
Sancta María, ora pro eo (ea).
Omnes sancti Angeli et Archángeli, oráte pro eo (ea).
Sancte Abel, ora pro eo (ea).
Omnis chorus Justórum, oráte pro eo (ea).
Sancte Abraham, ora pro eo (ea).
Sancte Joánnes Baptísta, ora pro eo (ea).
Sancte Joseph, ora pro eo (ea).
Omnes Sancti
Patriárchæ et Prophétæ, oráte pro eo (ea).
Sancte Petre, ora pro eo (ea).
Sancte Paule, ora pro eo (ea).
Sancte Andréa, ora pro eo (ea).
Sancte Joánnes, ora pro eo (ea).
Omnes Sancti
Apóstoli et Evangelístæ, oráte pro eo (ea).
Omnes Sancti
Discípuli Dómini, oráte pro eo (ea).
Omnes Sancti
Innocéntes, oráte pro eo (ea).
Sancte Stéphane, ora pro eo (ea).
Sancte Laurénti, ora pro eo (ea).
Omnes Sancti
Mártyres, oráte pro eo (ea).
Sancte Silvéster, ora pro eo (ea).
Sancte Gregóri, ora pro eo (ea).
Sancte Augustíne, ora pro eo (ea).
Omnes Sancti
Pontífices et Confessóres, oráte pro eo (ea).
Sancte Benedícte, ora pro eo (ea).
Sancte Francísce, ora pro eo (ea).
Sancte Camílle, ora pro eo (ea).
Sancte Joánnes de Deo, ora pro eo (ea).
Omnes Sancti
Mónachi et Eremítæ, oráte pro eo (ea).
Sancta Maria Magdaléna, ora pro eo (ea).
Sancta Lúcia, ora pro eo (ea).
Omnes Sanctæ
Vírgines et Víduæ, oráte pro eo (ea).
Omnes Sancti et Sanctæ Dei, intercédite pro eo (ea).
Propítius esto, parce ei Dómine.
Propítius esto, líbera eum (eam) Dómine.
Propítius esto, líbera eum (eam) Dómine.
Ab ira Tua, líbera
eum (eam) Dómine.
A perículo mortis, líbera eum (eam) Dómine.
A mala morte, líbera eum (eam) Dómine.
A pœnis inférni, líbera eum (eam) Dómine.
Ab omni malo, líbera eum (eam) Dómine.
A potestáte diáboli, líbera eum (eam) Dómine.
Per Nativátem tuam, líbera eum (eam) Dómine.
Per Crucem et Passiónem Tuam, líbera eum (eam) Dómine.
Per Mortem et Sepultúram Tuam,
líbera eum (eam) Dómine.
Per Gloriósam
Resurrectiónem Tuam,
líbera eum (eam) Dómine.
Per Admirábilem
Ascensiónem Tuam,
líbera eum (eam) Dómine.
Per Grátiam
Spíritus Sancti Parácliti, líbera eum (eam) Dómine.
In die Judícii,
líbera eum (eam) Dómine.
Peccatóres, Te rogámus,
áudi nos.
Ut ei parcas, Te rogámus,
áudi nos.
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie, eléison.
Deinde cum in agone sui exitus anima anxiatur,
dicuntur sequentes Orationes.
ORATIO
Proficíscere, ánima christiána, de hoc mundo, in nómine Dei Patris Omnipoténtis, qui te creávit: in Nómine Jesu Christi Fílii Dei vivi, qui pro te
passus est: in Nómine
Spíritus Sancti, qui in te effúsus est: in Nómine Gloriósæ et Sanctæ Dei Genetrícis Vírginis Maríæ, in nómine beáti Joseph, íncliti ejúsdem Vírginis
Sponsi; in nómine Angelórum et Archangelórum: in nómine Thronórum et
Dominatiónum: in nómine Principátuum et Potestátum: in nómine Virtútum,
Chérubim et Séraphim: in nómine Patriarchárum et Prophetárum: in nómine Sanctórum Apostolórum et Evangelistárum: in nómine
Sanctórum Mártyrum et Confessórum: in nómine Sanctórum Monachórum et Eremitárum: in nómine Sanctárum Vírginum, et ómnium Sanctórum et
Sanctárum Dei. Hódie sit in pace locus tuus, et habitátio tua in Sancta Sion. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum.
Amen.
ORATIO
Deus Miséricors,
Deus Clemens,
Deus, qui secúndum multitúdinem miseratiónum Tuárum peccáta pœniténtium deles, et præteritórum
críminum culpas vénia remissiónis evácuas: réspice propítius super hunc fámulum
tuum N. (hanc
fámulam tuam N.), et remissiónem ómnium
peccatórum suórum, tota cordis confessióne poscéntem, deprecátus exáudi. Rénova
in eo (ea), piíssime Pater, quidquid terréna fragilitáte corrúptum, vel
quidquid diabólica fraude violátum est; et unitáti córporis Ecclésiæ membrum redemptiónis
annécte. Miserére, Dómine, gemítuum, miserére lacrimárum ejus: et non habéntem
fidúciam, nisi in tua misericórdia, ad tuæ Sacraméntum reconciliatiónis
admítte. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
ORATIO (de Sancto Petro Damiano)
Comméndo Te Omnipoténti Deo, caríssime frater (vel caríssima soror), et ei, cujus es creatúra, commítto: ut, cum humanitátis
débitum morte interveniénte persólveris, ad auctórem Tuum, qui te de limo terræ formáverat, revertáris.
Egrediénti ítaque ánimæ tuæ de córpore spléndidus Angelórum cœtus occúrrat:
judex Apostolórum tibi senátus advéniat: candidatórum tibi Mártyrum triumphátor
exércitus óbviet: liliáta rutilántium te Confessórum turma circúmdet:
jubilántium te Vírginum chorus excípiat: et beátæ quiétis in sinu Patriarchárum
te compléxus astríngat: sanctus Joseph, moriéntium Patrónus dulcíssimus, in
magnam spem te érigat: Sancta Dei
Génetrix Virgo María suos benígna óculos ad te convértat: mitis, atque festívus
Christi Jesu tibi aspéctus appáreat, qui te inter assisténtes sibi júgiter
interésse decérnat. Ignóres omne, quod horret in ténebris, quod stridet in
flammis, quod crúciat in torméntis. Cedat tibi tetérrimus sátanas cum
satellítibus suis: in advéntu tuo, te comitántibus Angelis, contremíscat, atque
in ætérnæ noctis chaos immáne diffúgiat. Exsúrgat Deus, et dissipéntur inimíci
ejus: et fúgiant qui odérunt eum, a fácie ejus. Sicut déficit fumus, defíciant:
sicut fluit cera a fácie ignis, sic péreant peccatóres a fácie Dei: et justi
epuléntur, et exsúltent in conspéctu Dei. Confundántur ígitur et erubéscant
omnes tartáreæ legiónes, et minístri sátanæ iter tuum impedíre non áudeant.
Líberet te a cruciátu Christus, qui pro te crucifíxus est. Líberet te ab ætérna
morte Christus, qui pro te mori dignátus est. Constítuat te Christus, Fílius
Dei vivi, intra paradísi sui semper amoéna viréntia, et inter oves suas te
verus ille Pastor agnóscat. Ille ab ómnibus peccátis tuis te absólvat, atque ad
déxteram suam in electórum suórum te sorte constítuat. Redemptórem tuum fácie
ad fáciem vídeas, et præsens semper assístens, manifestíssimam beátis óculis
aspícias veritátem. Constitútus (constitúta) ígitur inter ágmina Beatórum,
contemplatiónis Divínæ Dulcédine potiáris in sǽcula sæculórum. Amen.
Súscipe, Dómine, servum tuum (ancíllam tuam) in locum sperándæ sibi Salvatiónis a Misericórdia Tua. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ)
ex ómnibus perículis inférni, et de láqueis pœnárum, et ex ómnibus
tribulatiónibus. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Henoch et Elíam de commúni morte mundi. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Noë de Dilúvio. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Ábraham de Ur chaldæórum. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Job de passiónibus suis. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ
tuæ), sicut liberásti Ísaac de hóstia, et de
manu patris sui Ábrahæ. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Lot de Sódomis, et de flamma ignis. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Móysen de manu Pharaónis regis æyptiórum. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Daniélem de lacu leónum. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti tres púeros de camíno ignis ardéntis, et de manu regis
iníqui. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Susánnam de falso crímine. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti David de manu regis Saul, et de manu Golíæ. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi Tui (ancíllæ tuæ),
sicut liberásti Petrum et Paulum de carcéribus. R. Amen.
Et sicut beatíssimam Theclam Vírginem et Mártyrem Tuam de tribus atrocíssimis torméntis liberásti,
sic liberáre dignéris ánimam hujus servi Tui (ancíllæ
tuæ), et tecum fácias in bonis congaudére
cœléstibus. R. Amen.
ORATIO
Commendámus tibi, Dómine, ánimam fámuli tui N.
(fámulæ tuæ N.),
precamúrque te, Dómine Jesu Christe, Salvátor mundi, ut, propter quam ad terram
misericórditer descendísti, Patriarchárum tuórum sínibus insinuáre non rénuas.
Agnósce, Dómine, creatúram Tuam, non a
diis aliénis creátam, sed a te solo Deo Vivo et Vero: quia non est álius Deus præter te, et non
est secúndum ópera tua. Lætífica, Dómine, ánimam ejus in conspéctu tuo, et ne
memíneris iniquitátum ejus antiquárum, et ebrietátum, quas suscitávit furor,
sive fervor mali desidérii. Licet enim peccáverit, tamen Patrem, et Fílium, et
Spíritum Sanctum non negávit, sed crédidit; et zelum Dei in se hábuit, et Deum,
qui fecit ómnia, fidéliter adorávit.
Delícta juventútis, et ignorántias ejus, quǽsumus, ne memíneris, Dómine; sed secúndum
magnam Misericórdiam
Tuam memor esto illíus in Glória claritátis Tuæ. Aperiántur ei Cœli, collæténtur illi Angeli. In Regnum Tuum, Dómine, servum Tuum (ancíllam
tuam) súscipe. Suscípiat eum (eam) Sanctus Michaël Archángelus Dei, qui Milítiæ Cœléstis méruit Principátum. Véniant illi óbviam Sancti Ángeli Dei, et perdúcant eum (eam) in Civitátem Cœléstem Jerúsalem. Suscípiat eum (eam) Beátus Petrus Apóstolus, cui a Deo claves Regni Cœléstis tráditæ sunt. Adjuvet eum (eam) Sanctus Paulus Apóstolus, qui dignus fuit esse vas
electiónis. Intercédat pro eo (ea) Sanctus
Joánnes, eléctus Dei Apóstolus, cui reveláta sunt Secréta Cœléstia. Orent pro eo (eam) omnes Sancti Apóstoli, quibus a Dómino data est potéstas
ligándi atque solvéndi. Intercédant pro eo (ea) omnes Sancti et Elécti Dei, qui pro Christe Nómine torménta in hoc sǽculo sustinuérunt: ut,
vínculis carnis exútus (exúta), perveníre mereátur ad Glóriam Regni Cœléstis, præstánte Dómino nostro Jesu Christo:
Qui cum Patre et Spíritu Sancto vivit et regnat in sǽcula sæculórum. R. Amen.
ORATIO AD BEATÆ MARIÆ VIRGINIS
Clementíssima Virgo Dei Génetrix María, mœréntium piíssima Consolátrix, fámuli N.
(fámulæ N.)
Spíritum Fílio suo comméndet, ut, hoc matérno
intervéntu, terróres mortis non tímeat; sed desiderátam Cœléstis Pátriæ Mansiónem, ea cómite, lætus (læta) ádeat.
R. Amen.
ORATIO AD SANCTE JOSEPH
Ad te confúgio, Sancte
Joseph, Patróne moriéntium, tibíque, in cujus beáto tránsitu vígiles
adstitérunt Jesus et María, per hoc utrúmque caríssimum pignus, ánimam hujus
fámuli N. (fámulæ
N.), in extrémo agóne laborántem, eníxe
comméndo, ut ab insídiis diáboli, et a morte perpétua, te protegénte,
liberétur, et ad Gáudia Ætérna perveníre mereátur. Per eúmdem Christum
Dóminum nostrum. R. Amen.
EN ESPAÑOL
LETANÍA DE LOS AGONIZANTES
Señor, ten piedad de él. (1)
Jesucristo, ten piedad de él.
Señor, ten piedad de él.
Santa María, ruega por él.
Todos los Santos Ángeles y Arcángeles, rogad por él.
San Abel, ruega por él.
Coro de los justos, rogad por él.
San Abraham, ruega por él.
San Juan Bautista, ruega por él.
San José, ruega por él.
Santos Patriarcas y Profetas, rogad por él.
San Pedro, ruega por él.
San Pablo, ruega por él.
San Andrés, ruega por él.
San Juan, ruega por él.
Santos Apóstoles y Evangelistas, rogad por él.
Santos Discípulos del Señor, rogad por él.
Santos Inocentes, rogad por él.
San Esteban, ruega por él.
San Lorenzo, ruega por él.
Santos Mártires, ruega por él.
San Silvestre, ruega por él.
San Gregorio, ruega por él.
San Agustín, ruega por él.
Santos Pontífices y Confesores, rogad por él.
San Benito, ruega por él.
San Francisco, ruega por él.
San Camilo, ruega por él.
San Juan de Dios, ruega por él.
Santos Monjes y Ermitaños, rogad por él.
Santa María Magdalena, ruega por él.
Santa Lucía, ruega por él.
Santas Vírgenes y Viudas, rogad por él.
Santos y Santas de Dios, rogad por él.
Séle propicio, perdónale, Señor.
Séle propicio, líbrale, Señor.
Séle propicio, líbrale, Señor.
De Tu Cólera, líbrale, Señor.
Del peligro de la muerte, líbrale, Señor.
De la mala muerte, líbrale, Señor.
De las penas del infierno, líbrale, Señor.
De todo mal, líbrale, Señor.
Del poder del demonio, líbrale, Señor.
Por tu Natividad, líbrale, Señor.
Por tu Cruz y Pasión, líbrale, Señor.
Por Tu Muerte y Sepultura, líbrale, Señor.
Por Tu Gloriosa Resurrección, líbrale, Señor.
Por Tu Admirable Ascensión, líbrale, Señor.
Por la Gracia del Espíritu Consolador, líbrale, Señor.
En el día del Juicio, líbrale, Señor.
Así Te lo pedimos, aunque pecadores, óyenos, Señor.
Te rogamos que le perdones, óyenos, Señor.
Señor, ten piedad, óyenos, Señor.
Jesucristo, ten piedad, óyenos, Señor.
Señor, ten piedad, óyenos, Señor.
(1) Si se rezan por una moribunda, se reemplazan con las palabras “ella, sierva, hermana”, la de “él, siervo, hermano”.
Hallándose el enfermo en la agonía, se dirá la siguiente oración:
ORACIÓN
Sal de este mundo, alma cristiana, en Nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te creó; en Nombre de
Jesucristo Hijo de Dios Vivo, que
padeció por ti; en Nombre del
Espíritu Santo, que en ti Se
infundió; en Nombre de
la Gloriosa y Santa Virgen María, Madre de Dios; en nombre del Bienaventurado San José, ínclito Esposo de la Misma Virgen; en nombre de los Ángeles y
Arcángeles; en nombre de los Tronos y Dominaciones; en nombre de los
Principados y Potestades; en el de los Querubines y Serafines; en el de los
Patriarcas y Profetas; en el de los Santos Apóstoles y Evangelistas; en el de los Santos Mártires y Confesores; en el de los Santos Monjes y Ermitaños; en nombre de las Santas Vírgenes y de todos los Santos y Santas de
Dios: hoy tu lugar sea en la Paz, y tu
morada en la Santa Sión. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.
ORACIÓN
¡Oh Dios de Bondad,
Dios Clemente,
Dios que, según la multitud de Tus Misericordias, perdonas a los arrepentidos, y por
la Gracia de
una entera remisión, borras
las huellas de nuestros crímenes pasados! Dirige una mirada compasiva a Tu siervo N. (sierva N.);
recibe la humilde confesión que te hace de sus culpas, y concédele el perdón de
todos sus pecados.
Padre de Misericordia
Infinita, repara en él (ella) todo lo que corrompió la fragilidad humana y
manchó la malicia del demonio; júntale para siempre con el Cuerpo de la Iglesia, como miembro que fue
redimido por Jesucristo. Ten, Señor, Piedad de sus gemidos, compadécete de sus
lágrimas, y puesto que no espera sino en Tu Misericordia,
dígnate dispensarle la Gracia de la
Perfecta Reconciliación. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
ORACIÓN (compuesta por San Pedro Damián)
Te encomiendo a
Dios Todopoderoso, mi querido hermano (o
hermana), y te pongo en las Manos de Aquel de Quien eres criatura, para que después de haber
sufrido la sentencia de muerte, dictada contra todos los hombres, vuelvas a tu
Creador, que te
formó del limo de la
tierra.
Ahora, pues, que tu alma va a salir de este mundo, salgan a recibirte los
gloriosos Coros de
los Ángeles y de los
Apóstoles, que deben juzgarte; venga a tu encuentro el Ejército Triunfador de los generosos Mártires; rodéete la
multitud brillante de Confesores; acójate con alegría, el Coro
radiante de las Vírgenes, y sé para siempre admitido con los Santos Patriarcas en la Mansión de la Venturosa Paz.
Anímete con grande esperanza San José, dulcísimo Patrón de los moribundos;
vuelva hacia ti, Benigna, Sus Ojos la Santa Madre de Dios; preséntese a ti Jesucristo
con Rostro
lleno de Dulzura, y
colóquete en el seno de los que rodean el Trono de Su Divinidad.
No experimentes el horror de las tinieblas, ni los tormentos del suplicio
eterno. Huya de ti Satanás con todos sus satélites, y, al verte llegar rodeado
de Ángeles, tiemble y vuélvase a la triste morada donde reina la noche eterna.
Levántese Dios, y disípense sus enemigos, y desvanézcanse como el humo. A la Presencia de Dios desaparezcan los pecadores, como
la cera se derrite al calor del fuego, y regocíjense los justos, como en una Fiesta Perpetua ante la Presencia del Señor.
Confundidas sean todas las legiones infernales; ningún ministro de Satanás se
atreva a estorbar tu paso. Líbrete de los tormentos Jesucristo, que fue
crucificado por ti; colóquete Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, en el Jardín, siempre ameno, de Su Paraíso, y Verdadero Pastor como Es, reconózcate por una de Sus ovejas.
Perdónete, Misericordioso, todos tus pecados; póngate a Su Derecha
entre Sus
elegidos, para que veas a tu Redentor, cara a cara, y morando siempre feliz a Su Lado,
logres contemplar la Soberana
Majestad, y gozar
de la dulce vista de Dios, admitido (admitida) en el número de los
Bienaventurados, por todos los siglos de los siglos. Amén.
PRECES
Señor: Recibe a tu siervo en el lugar de la Salvación que espera de Tu Misericordia.
R. Amén.
Señor: Libra el alma de Tu siervo, de todos los peligros del infierno, de sus castigos y males.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como preservaste a Enoc y Elías, de la muerte, común a todos los hombres.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a Noé, del Diluvio.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a Abraham, de la tierra de los caldeos.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a Job, de sus padecimientos.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a Isaac, de su padre Abraham, cuando iba a inmolarle.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a Lot, de Sodoma y de la lluvia de fuego.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a Moisés, de las manos de Faraón, rey de Egipto.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a Daniel, del lago de los leones.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a los tres jóvenes, del horno encendido y de las manos del rey impío.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a Susana, del falso testimonio.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a David, de las manos de Saúl y Goliat.
R. Amén.
Señor: Libra su alma, como libraste a San Pedro y San Pablo, de las prisiones.
R. Amén.
Y como libraste a la bienaventurada Tecla, virgen y mártir, de los más crueles tormentos. Dígnate librar el alma de tu siervo, y permítele gozar a Tu lado de los Bienes Eternos.
R. Amén.
ORACIÓN
Te recomendamos el alma de tu siervo (o sierva) N., y te pedimos Señor Jesucristo, Salvador del mundo, por la Misericordia con que bajaste, por ella, del Cielo, que no le niegues un lugar en la Morada de los Santos Patriarcas.
Reconoce Señor, tu criatura, obra, no de dioses extraños, sino Tuya, Dios Único, Vivo y Verdadero, porque no hay otro Dios más que Tú, y
nadie Te iguala
en Tus Obras.
Haz, Señor, que Tu Dulce Presencia llene su alma de alegría; olvida sus
iniquidades pasadas y los extravíos a que fue arrastrada por sus pasiones;
porque, aun cuando pecó, no ha renunciado a la Fe del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, sino
que ha conservado el celo del Señor y, ha adorado fielmente a Dios, Creador de todas las cosas.
Te pedimos, Señor, que olvides todos los pecados
y faltas que en su juventud cometió por ignorancia, y, según la Grandeza de Tu Misericordia,
acuérdate de él,, en el Esplendor de Tu Gloria.
Ábrancele los Cielos y regocíjense los Ángeles con su llegada.
Recibe, Señor, a tu siervo (o sierva) N.,en Tu Reino.
Recíbale San Miguel Arcángel, Caudillo de
la Milicia Celestial; salgan a su encuentro los Santos Ángeles y condúzcanle a la Celeste Jerusalén. Recíbale el Apóstol San Pedro,
a quien entregaste las Llaves del Reino Celestial. Socórrale el Apóstol San Pablo, que mereció ser vaso de elección, e interceda
por él, San Juan,
el Apóstol
querido, a quien fueron revelados los Secretos del Cielo.
Rueguen por él todos los Santos
Apóstoles, a quienes Dios concedió el poder de absolver y de retener los
pecados; intercedan por él todos los Santos elegidos de Dios, que sufrieron en
este mundo por el Nombre de
Jesucristo, a fin de que, libre de los lazos de la carne, merezca entrar en la Gloria Celestial, por la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, que con el
Padre y el Espíritu Santo, vive y
reina por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Que la Clementísima Virgen María, Madre de Dios, Piadosísima Consoladora de los afligidos, encomiende a Su Hijo el alma de su siervo (o sierva) N., para que por Su intercesión maternal, no tema los horrores de la muerte, sino que entre gozoso en Su compañía, en la deseada Mansión de la Patria Celestial. Amén.
ORACIÓN A SAN JOSÉ
A Vos recurro, San José, Patrón de los
moribundos, y a Vos, en cuyo tránsito asistieron solícitos Jesús y María, os
encomiendo,
encarecidamente, por ambas
prendas carísimas, el alma
de vuestro
siervo (o sierva)
N., que se halla en su última agonía, para
que bajo Vuestra Protección, se vea libre de las asechanzas del diablo y de
la muerte perpetua, y merezca llegar a los Gozos Eternos de la Gloria. Por Jesucristo, Nuestro
Señor. Amén.
✝
NOTA FINAL
Luego que haya muerto el enfermo, el sacerdote o alguno de los
asistentes dirá a los demás señores y hermanos que han presenciado la
enfermedad y muerte de aquel:
«Señores y hermanos míos, el señor N. acaba de expirar, acaba de sufrir una pena en
que incurrió en el momento mismo que empezó a existir en la tierra: ha
satisfecho una deuda que todos hemos de pagar. El Espíritu Santo dice que es
bueno asistir a la casa del luto, porque así se piensa en qué se ha de venir a
parar.
En efecto, todos hemos de venir a parar a este trance, todos hemos de morir;
pero no sabemos si moriremos en casa y en la cama, como este; o si en algún lugar desierto falto de todo y por
ninguno asistidos. Ignoramos si nuestra muerte será repentina, o pausada como
la de este nuestro hermano, que ha
tenido tiempo para recibir los Santos
Sacramentos. Tal vez nosotros no tendremos tiempo; por esto debemos estar
siempre preparados y dispuestos a fin de que seamos salvos, pues que de nada
nos aprovecharía ganar el mundo entero, si perdiésemos el alma. Procuremos, pues, vivir
bien y santamente, ejercitándonos en obras buenas, que son el único tesoro que
nos llevamos al otro mundo; lo demás ya lo veis: todo se ha de dejar, como lo
presenciáis en este señor.
Encomendemos a Dios el alma del difunto. Es cosa muy buena lo que algunos
hacen, que cuando se les muere alguno que aman mucho van luego a confesar y
comulgar, y le ofrecen el mérito de los Sacramentos recibidos; a este mismo fin
les ofrecen las Misas que
pueden oír, hacen algunas limosnas a los pobrecitos, y les suplican que rueguen
por el alma del difunto.
Dichosos los que así usan la
misericordia con los difuntos, que ellos por cierto alcanzarán la Misericordia. Esto es lo que deben hacer, y no
otras vanas tradiciones que algunos observan, los que en lugar de practicar
estas obras de caridad y piedad cristiana, aun omiten las de obligación.
No olviden los albaceas, de
cumplir las disposiciones testamentarias. Cumplamos todos bien nuestras
obligaciones, que Dios en paga nos dará en este mundo la Gracia y en el otro la Gloria. Amén».
NOTA IMPORTANTE: se recomienda sacar copia de este documento y
dar a las personas que oran por los enfermos y moribundos. Estas oraciones son
de un libro muy antiguo, de oraciones
que contiene la Fe Tradicional de la
Iglesia Católica, y es importante para orarle a los moribundos, y para beneficio también de los que están en
salud, para ir preparándonos, cristianamente, para la muerte.
