- Obtendrán interiormente, gracias a Mi humanidad impresa en ellos, un vivo reflejo de Mi Divinidad; y serán irradiados hasta el fondo del alma, de tal suerte que, gracias a la semejanza con Mi Faz, serán más resplandecientes en la Vida Eterna que muchas otras almas.
- Restableceré en ellos, en el momento de la muerte, la Imagen de Dios que fue desfigurada por el pecado.
- Al venerar Mi Santa Faz en espíritu de expiación, ellos me serán tan agradables como Santa Verónica; me rendirán un servicio igual, y grabaré mis trazos divinos en sus almas.
- Esta Faz adorable es como el sello de la Divinidad, que tiene la virtud de imprimir en las almas la Imagen de Dios.
- Cuanto más cuiden de reparar mi Faz desfigurada por los insultos y la impiedad, más cuidaré de sus almas, desfiguradas por el pecado.
- Yo imprimiré de nuevo Mi Imagen en su alma y la tendrán tan bella como era en el instante del Bautismo.
- Al ofrecer Mi Santa Faz a Mi Padre, aplacarán la Ira Divina y obtendrán la conversión de los pecadores (como con una moneda celestial).
- Nada les será negado cuando ofrezcan Mi Santa Faz. Yo Mismo hablaré a Mi Padre, para presentarle todas sus preocupaciones.
- Ellos obrarán prodigios por Mi Santa Faz. Yo les irradiaré de Mi Luz; les inflamaré de Mi Amor; y les concederé la perseverancia en el Bien.
- No les abandonaré jamás.
- Seré delante de Mi Padre, el defensor de todos aquellos que, por la palabra, la oración o la pluma, sostengan Mi Causa en esta obra de reparación.
- En la hora de la muerte, Yo purificaré la faz de su alma, de todas les heridas del pecado y le restituiré su belleza original.
(Extracto de las revelaciones a Santa Gertrudis la Magna (1256-1302),
Santa Matilde de Hackerbon (1241-1299), y Sor María de San Pedro
(1816-1848).)
